Tierra Rossa, diseñador del mes en Conspiración Moda.

Estamos felices de presentarles la marca de joyería Tierra Rossa, como diseñador del mes en Conspiración Moda. Tierra Rossa es una línea de accesorios con diseños frescos, sencillos y “limpios”, que utilizan materiales de la naturaleza para crear accesorios únicos e irrepetibles. ¡Una vez que los conozcas no podrás decidir con cuál quedarte!
CM: ¿Cuándo nace Tierra Rossa?
TR: Tierra Rossa nace en noviembre del  2010 con una propuesta bohemia donde se incluían piedras naturales, plumas, cuarzos y materiales en crudo que daban vida a una marca de joyería orgullosamente 100% mexicana y artesanal. Actualmente todas nuestras piezas tienen baño de oro de 18 quilates y hemos ido evolucionando con la finalidad de crear una joya de mayor calidad.
CM: ¿Cuál es el concepto detrás de la marca? 
TR: Nuestro concepto es fresco, innovador y versátil, buscamos que las piezas sean parte de la vida cotidiana de la mujer.
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CM: ¿Cuál es el proceso desde que diseñas la pieza hasta que está lista para la venta?
TR: Seleccionamos materiales que por su textura, colores y formas nos inspiran a crear diseños únicos y especiales para cualquier ocasión. Finalmente, le damos un baño de oro de 18 quilates de la mejor calidad, logrando prolongar la vida de cada pieza.
CM: ¿Qué materiales utilizan para sus joyas? 
Utilizamos materiales como plata, cristales, cuarzos y piedras preciosas. 
CM: ¿Cuál es la inspiración detrás de su joyería? 
TR: Buscamos materials, cristales y piedras preciosas que por su esencia nos inspiran a crear piezas llenas de femineidad y simbolismo. Así mismo, nos preocupamos porque cada pieza contenga un significado trascendente que marque tendencia entre quienes lo portan. 
CM: ¿Qué novedades/tendencias podemos esperar de Tierra Rosa?
TR: Estamos siempre buscando piedras y símbolos que hagan de Tierra Rossa una marca reconocida. Sacamos piezas diferentes dependiendo de la estación del año, jugando con colores y formas.
CM: ¿Qué relación encuentran entre Tierra Rosa y Conspiración Moda?
TR: Los dos son conceptos innovadores, que se adaptan a las necesidades de la mujer actual, los dos marcamos tendencias y  en conjunto logramos integrar todos los elementos más importantes de un look en armonía. 
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Curvas con soporte.

Seamos realistas, existen muy pocas mujeres a quienes no les guste llegar de “rompe y rasga” a un evento social importante. Desde el momento en que recibes la invitación a la boda de la temporada, lo primero que piensas es “¡¿qué me voy a poner?!” 

Acto seguido te da gusto (o susto) por los novios. Ya después te das el tiempo para chulear la invitación, leer a detalle los boletos, pensar con quién vas a dejar a tus hijos y tal vez hasta apartar lugar en el salón de belleza (o lugares, en plural. La lista de cosas que te tienes que hacer para quedar a ese nivel de presentable no es corta, ni lo son las horas de tan variados “tratamientos”).

Sin embargo, todo ese tiempo, la pregunta más importante sigue siendo “¿qué me voy a poner?” Y en un apretado segundo lugar: “¿tendré tiempo para bajar un kilo (o tres, o cinco) ? Cuándo la respuesta a esta última incertidumbre es “no”, ya sea por falta de tiempo o por apego a tu copa(s) nocturna de vino tinto, la ilusión debe entrar en acción.  

Existe una industria multimillonaria alrededor del culto a la fantasía del cuerpo perfecto por una noche. Fajas reductoras, calzón “control-top” (debería decir “pantaleta” pero me convertiría en mi tía Tila), calzón “control-bottom”, faja apretadísima desde abajo del busto hasta arriba de las rodillas, medias que “esculpen tus piernas”, faja cuerpo completo para amaestrar esos excesos rebeldes desde la clavícula hasta los tobillos. ¡Porque nada te parece de peor gusto que los rollitos exhibicionistas!

Tomas la decisión más importante del evento (y nada tiene que ver con la mesa de regalos de los novios). Tu vestido. Despampanante. Largo, dorado, con lentejuelas mate, escote (elegante) al frente y apertura en la pierna. La prenda creada con Jessica Rabbit y Sofía Vergara en mente. El vestido con el que las demás invitadas, desaparecen.

Pero antes, tus herramientas de control, necesitas evitar el riesgo de parecer un tamal amarrado con hoja de oro. Número uno, brassiere con grado superlativo de relleno en cada copa y estructura “levanta ánimos” (maravillas de la ingeniería moderna). Número dos, faja que se extiende de costillas a rodillas e inhabilita el fluir sereno de tu respiración. Al instante desaparece la celulitis, aparece la nalga, se define la cintura, se desdibuja 1/2 kg de volumen de cada muslo, se aligera el talle. Y tú, con una copa de bordeaux en mano. 

Te pones el vestido. Pintado. ¿Con este secreto de nailon y látex quién necesita photoshop? En el mundo de la ilusión óptica, la faja es reina. 

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Maquillaje natural en pasos muy sencillos.

Uni-Polar.

 ”Los polos opuestos se atraen”. Esta frase parte de la cultura popular siempre me ha llamado la atención. Primero porque me parecía romántica y ahora porque me doy cuenta de que la atracción no sucede por la (aparente) diferencia; una carga positiva que atrae a una negativa; sino porque muy en el fondo los extremos opuestos en realidad son muy parecidos. 

(Polo +)  Por un lado tienes la opción de verte femenina con un vestido floral de colores claros. Tela vaporosa y semi transparente que se mueva con la brisa mientras caminas por el malecón hacia tu restaurante japonés favorito. Pelo suelto, ligeramente decolorado por el sol, revuelto y sexy de esa manera que solamente sucede (sin tanto planear) cuando estás en la playa. Tu  perfume frutal y ligero combinado con olor a sal y aceite de coco (orgánico). Las pecas que siempre brotan juguetonas (a pesar del fps 50), sobre tu nariz. Pies bronceados, semidesnudos; uñas con tono de esmalte rosa chicle. 

Te detienes un segundo frente a un aparador y ahí está tu reflejo… Eres indudablemente la imagen de una mujer  muy femenina. (Hasta podrías desarrollar un “girl crush” contigo misma).

(Polo -)  La alternativa (el “opuesto”) es ponerte un traje sastre oscuro para salir a cenar con tu esposo a uno de los lugares más codiciado de la ciudad (si la ciudad es Nueva York, mejor). Línea de los hombros recta y fuerte, escote profundo, cintura ceñida, pantalones entallados (de preferencia hechos a la medida pero tampoco te pones tan exigente).  Zapatos puntiagudos, tacón peligroso. Pelo suelto, engominado y cepillado hacia atrás. Smoky eye y labios nude u ojos (casi) nude y labios rojos. 

Esta vez la imagen en el aparador refleja a un hombre y una mujer vestidos prácticamente igual. Te ves a ti misma vestida con ropa masculina y eso, por alguna razón, te hace ver y (sobre todo) sentir, aún más femenina. El sex-appeal te brota por los poros. (Lo sabes tú y te lo confirma él al soltar tu mano para tomarte de la cintura). 

Dos looks diametralmente opuestos que te llevan al mismo punto. Celebrar la mujer que eres. Suave y fuerte, silenciosa y asertiva, coqueta y reservada, sonriente y seria, intensa y ligera. Claro y oscuro, flores y “pin-stripes”. 

Las dos caras de la misma moneda. Un Ying y un Yang perfectamente bien vestidos. 

Here’s to a brilliant Friday.

Here’s to a brilliant Friday.

Corte y queda.

La relación con el estilista es uno de los apegos más fuertes que tiene una mujer. El acto de sentarte frente a un espejo, con el pelo recién lavado y sin vida aparente, bata negra brillosa cubriéndote, una ligera expresión de angustia ante lo desconocido y vulnerabilidad total al saber que hay una persona sosteniendo unas tijeras detrás de ti. Parece pesadilla de las feas. Una situación que requiere un acto total de fe. Así que cuando el resultado de esa experiencia peligrosa, es positivo, el lazo que se crea es de los más duraderos (y fundamentalmente dependientes). 

Hace algunos años, cuando vivía fuera del país, no me importaba esperar meses con un “look poodle desaliñado” con tal de que mi estilista de siempre me cortara el pelo durante mi visita a Guadalajara  (lo mismo sucedía con mi cita de dentista). Meses de espera con humedad 100% en el ambiente y chinos creciendo a la buena de dios. No era un look con el que digamos, me sintiera lista para dar una buena primera impresión, sin embargo la lealtad (léase: terror a unas tijeras nuevas) era más fuerte que el disgusto por la maraña que crecía, sin control, sobre mi cabeza. 

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En algún momento creí que esto era un “issue” solamente mío. Pertinente a lo apretado de mis chinos, la búsqueda por encontrar los productos idóneos para bajarles el volumen desbordado, mi historia de deseo (imposible de satisfacer en esta vida) por tener una melena larga, lacia y sedosa (¡y además, con fleco!), mi forma un poco redonda de cara y la redondez extrema que adquiere con un corte con exceso de capas.

Pero ahora sé que no estoy sola en esto ¡y que no sólo las mujeres albergamos esta fijación! Un amigo viaja al país vecino del norte cada que tiene chance para visitar a su estilista (y regresa súper guapo y renovado). Otro  se rapó casi “a coco” para no tener que buscar sustituto cuando el suyo se cambió de ciudad. Tengo amigas que me han hablado por teléfono muy angustiadas, cuando por alguna razón tienen que buscar a alguien más que las despunte. Y otra más que por despecho, va de estilista en estilista, transformando el cambio constante de tijeras, en un deporte extremo. 

El miércoles pasado fui a que me cortara el pelo alguien nuevo. Me disfracé de soltura, seguridad y confianza; mi meta era transmitir una imagen despreocupada (creo que los estilistas como los caballos, huelen el miedo y con un cliente miedoso es mucho más fácil cometer errores difíciles de enmendar). Después de que la asistente me lavara y el pelo y me diera un “masaje capilar relajante”, me pasaron a la silla giratoria. Bata bien abrochada, manos apretadas sobre las piernas, sonrisa congelada. Y mi pelo empezó a caer. Caía y caía sobre el azulejo recién barrido. La emoción se empezaba a transformar en sudor frío. Y mi pelo caía y caía un poco más. 

Imágenes de afros y micrófonos inundaban mis pensamientos. Eventualmente, el tijereteo paró.

Shirley Temple, versión hipster, in the house.

Rossana Julián Colín.

Cardio a la moda.

imageEl domingo pasado, al salir de la casa, mi esposo me dio una ligera “barridita” de arriba a abajo (como no queriendo la cosa) cuando íbamos de salida a caminar/trotar. El plan de acción era: una hora de ejercicio solos y de ahí a desayunar (el mejor plan posible; regalo de los abuelos). Después de ese mini-escaneo el comentario fue: “tú y yo somos de la misma onda, eso de gastar en ropa para el ejercicio como que no es lo nuestro”. 


Traducción: “Te ves como estudiante universitario foráneo. Se le acabó la ropa bonita de la semana, no ha ido a la lavandería y salió con el primer trapo que se encontró, a comprar unas Cocas a la tiendita.” Y aunque es muy probable que este escenario ficticio sea creación totalmente mía y que el comentario de mi marido no haya tenido tanta cola que le pisaran, a quien le queda el saco, le queda.

Desde mis clases de Step a mediados de los noventa, cuando el leotardo de tanga sobre las mallas hasta arriba de las rodillas eran el furor, admiro a las mujeres que se ven perfectamente bien combinadas a la hora de hacer ejercicio. Además de disciplinadas, bien vestidas (es probable que en esta combinación de virtudes yazca el secreto de la felicidad, tal vez hasta el de la juventud eterna). Y aunque los leotardos cola-less nunca fueron lo mío, sí debo admitir que le echaba más ganas a la ropa de gym en esas épocas. Ahora que soy una “lonely exerciser” (ya no pertenezco a un gimnasio, ni voy a clases en grupo) no le doy tanta importancia a lo que me pongo para sudar. Nada más los tenis pasan por un examen de calidad concienzudo, de ahí en fuera, pants son pants, shorts, shorts y una t-shirt que no revele ombligo mientras troto, es bienvenida como “workout gear”. 

¿Pero a qué mujer no le cala, aunque sea un poquito, que le digan que gastar en ropa de ejercicio (¡ropa de la que sea y para lo que sea!) no es lo suyo? Me parecía que la situación requería de atención inmediata. Y entonces me entero que Pinterest está inundado de tableros dedicados enteramente a los looks más creativos y bonitos y adecuados para hacer ejercicio. Hay blogs de moda/fitness, a cada paso (del teclado) que doy. Todas las marcas atléticas habidas y por haber tienen sugerencias súper específicas de lo que me debo poner.

Y entonces, lo siento… el jalón visceral que sucede cuando “eso debe ser mío”. Esa ausencia de freno de mano ante el canto de sirena consumista. Ahora esa sirena trae mallas azul-violeta hasta el tobillo, top del mismo tono y camiseta con cortes geométricos en la espalda en un intenso tono amarillo/naranjoso. Todo dry-fit, por supuesto. 

Así, sin duda, cualquier petirrojo que volara sobre el Bosque de Los Colomos y me viera trotando, se detendría admirado, a contemplarme. No soy tan lonely exerciser después de todo y resulta que usar ropa así de cool y funcional mientras hago ejercicio, sí es (absolutamente) lo mío.

Rossana Julián Colín.

(foto: www.newbalance.com)

Puntotricô, Diseñador del Mes en Conspiración Moda.

Platicamos con Lucy Toledo, directora creativa de la marca de clutches Puntotricô. Esto fue lo que nos contó:
CM: ¿Cuándo y por qué nace Puntotrico?
LT: Puntotricô nace de un proyecto que comencé a mi llegada de un viaje a Brasil que realicé durante mi carrera universitaria. La experiencia y la cultura brasileña me  inspiraron para crear este nuevo concepto de accesorios hechos 100% a mano.  La marca fue creada también como compromiso y solidaridad con las madres solteras, dándoles oportunidad de trabajar desde casa, sin descuidar a sus hijos. 
CM: ¿Cuál es el concepto detrás de la marca? 
LT: Puntotricô es una marca atemporal- contemporanea, en donde el cliente puede elegir el color, el tamaño y la forma de su bolso, de acuerdo a su vestido y ocasión. Todos nuestros bolsos son únicos con un proceso de tejido manual de aproximadamente 72 horas. “Tricô” significa tejido de punto en portugués,  por lo que la técnica que utilizamos fue creada para darles resistencia y durabilidad a los bolsos. 
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CM: ¿Qué materiales utilizan? ¿Por qué escogieron estos materiales?

LT: Nuestro principal material es acrílico ya que es resistente y de fácil cuidado, también utilizamos cristal para modelos especiales o creados bajo pedido. Elegimos estos materiales por el brillo sutil y el cambio de color de acuerdo a la luz. 
CM: ¿Cuál es la inspiración detrás de sus accesorios? 
LT: El arte contemporáneo y las texturas y colores son la principal fuente de inspiración. Nuestro proceso al diseñar comienza con una idea y evoluciona por medio de la experimentación.
CM: ¿Qué novedades/tendencias podemos esperar de Puntotrico?
LT: Estamos en proceso de diseño continuo para crear nuevas texturas, formas y tamaños, así como nuevos productos. Nuestro objetivo es crear, de este concepto, un mundo puntotricô, en donde puedas encontrar una gran variedad de productos con calidad .
CM: ¿Qué relación existe entre su marca y CM?
Al igual que Conspiración Moda, estamos comprometidos con la moda y queremos darle nuevas experiencias a las mujeres ofreciendo accesorios actuales para complementar EL vestido para su evento. Conspiracion Moda le abre las puertas a puntotricô como una opción para el complemento a sus vestidos . ¡¡Gracias!!
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En las altas y en las bajas.

Para que te vean, unos zapatos de tacón alto. Esos centímetros de más que te acercan a la Bündchen, física y emocionalmente (¡esto es serio!) y llevan tu sistema nervioso a un nivel supremo de exaltación. Endorfinas y adrenalina (por la casi inminente caída) fluyendo libre y copiosamente. No existe eso de que te pongas zapatos de tacón para camuflajearte. Por más sencillos que sean, el efecto es “anti-escondite”. Y es bueno saber de esta herramienta desde adolescente edad, porque ¿qué mujer no ha querido ser vista más de una vez?

Ahora, existen también los días en los que no quieres que te vean ni el polvo. Días en los que necesitas altas dosis de cafeína o bien, dosis moderadas de alcohol para (¡físicamente!) aguantar las miradas. Días en los que quieres que el voyeurista,  lleve su mirada y su necesidad de mirar, hacia otro lado. Para esos días, nada como andar descalza. Disfrutando del mosaico fresco en los días de calor  agobiante. Pero si el look silvestre no es opción, puedes optar por unas sandalias bajitas y sigilosas, porque ¿qué mujer ha querido no ser vista más de una vez?

Esperen, no pongan el grito en el cielo. Por sandalias bajitas y sigilosas no me refiero a aqualetas o chanclas del súper. Lo silencioso y desprovisto de tacón, no es primo de lo fodongo (¡qué palabra tan desagradable!). El no querer ser vista de vez en cuando, no tiene nada de malo o estéticamente defectuoso. Así que unas sandalias lindas, de piso, hechas de la piel más suavecita, trenzada,  o bordada con piedras chiquitas y brillantes, son lo que necesitas. Tal vez unas con corte inspirado en las diosas del Olimpo, que se asomen desde tu toga falda larga, con cada paso que das. 

Por favor no tomen esto literalmente, estoy hablando del efecto psicológico de las sandalias de piso. No les puedo asegurar no ser vistas. Unas sandalias bajitas y así de bonitas casi siempre son el marco perfecto para un pedicure estelar y el resultado de esta combinación puede llevar a más de un espectador a perder la compostura. Después de todo, la Bündchen hasta línea de sandalias de piso tiene y estaremos de acuerdo con que no ser vista, no se le da mucho que digamos. 

Hoy “calladita me veo más bonita”, así que próxima parada, pedicure. Al silencioso paso, darle prisa… Dicho sea de paso. 
Rossana Julián Colín.
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La sonrisa detrás del lipstick.

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¿Dónde reside el valor de una mujer? ¿A caso su encanto femenino vive en la curva de su cintura, en lo torneado de sus piernas, en el color de sus ojos o en la firmeza de su pecho? ¿En la forma de sus labios, el brillo de su pelo, lo sensual de su paso?

¿Qué define lo femenino en una mujer? ¿Serán sus ojos y sus manos y el cuidado que le da a su aspecto? ¿El uso de labial y crema humectante? ¿El acto coqueto de ponerse unos aretes y descubrirse el cuello? ¿El olor que su fragancia, combinada con la química de su piel, deja a su paso? Tal vez su vientre plano, sus pómulos rosados, lo sensual de sus caderas o lo suave y llano de su espalda. 

No hay duda, el físico de una mujer es bello y placentero y digno de admiración. Nos encanta, nos seduce, nos llama, exige nuestra atención. Sin embargo, ¿nos damos cuenta de que lo que hemos estado admirando tan fervientemente, es únicamente  la “cáscara”?  ¿De que hemos caído redonditas en el juego de la sobrevaloración del físico? Y llevado a un extremo, no tan lejano, ¿somos capaces de ver que  hasta nos sentimos menos, no sólo como mujeres sino como personas, cuando nos comparamos con alguien a quien consideramos más atractiva que nosotras? 

Y fácilmente se nos olvida que un gesto de verdadera empatía siempre será más poderoso que caminar con seguridad en tacones altos. Una escucha abierta y paciente es más fuerte que unas “piernas pilates” sin celulitis. Una mujer que se atreve a conocerse, a escudriñarse, y a buscarse a sí misma a pesar del miedo que pueda sentir, a educarse y también a desaprender; es una mujer en contacto profundo con su ser femenino y eso es indiscutiblemente más espectacular que un busto impecable o unas manos con esmalte diferente cada jueves. 

Así que, qué tal si esta vez le diéramos a nuestro cuerpo su justo valor (¡porque lo merece!) y nos tomáramos un jugo verde desintoxicante (tan de moda estos días), hiciéramos una hora y media de yoga (tan de moda desde hace tantos siglos), nos pusiéramos un lipstick alegre y así le agradeciéramos todo lo que hace por nosotras. Acto seguido, nos olvidáramos de nuestro empaque y nos pusiéramos a ejercitar los músculos de la intuición, la gentileza, la calidez, la paciencia, el espíritu, la sonrisa. El corazón.  

Rossana Julián Colín.